miércoles, 3 de febrero de 2010

Mi exmarido ya le está viendo la cara a otra

No me gusta jugar el papel de víctima, de hecho, detesto a las personas que se hacen las víctimas de todo y de todos, especial y particularmente de sus parejas. Nunca me he considerado así, pero hay que confesarlo, el hecho conlleva un cierto saborcito agradable. La gente empatiza más contigo cuando te victimizas que cuando no.

Todo este preámbulo para decir que me acabo de enterar de que mi exmarido ya le está viendo la cara a otra mujer. Pobre, quisiera alertarla, pero lo único que ganaré será que me diga que soy una exesposa despechada y que él tiene razón. Me imagino perfectamente la historia que le contó: mi exmujer me dejó en la calle, era adicta al trabajo y de un egoísmo espantoso pues nunca pudimos compartir como pareja.

Resulta que al angelito, a quién llamaré Carlos, se le acabó el amor cuando terminó mi trabajo. Alguna amiga me preguntó, con su característico sarcasmo, que si no me extrañaba que él me hubiera vuelto a buscar cuando supo que yo trabajaba en donde trabajaba. Confieso que el reencuentro me pareció casualidad y disfruté mucho el hecho porque él se había convertido en todo lo que yo hubiera querido que fuera: amable, cariñoso, cachondo (ahora quería hacer el amor conmigo cada vez que se pudiera y antes la que se tenía que morder las uñas era yo) y no me pedía dinero. De hecho, cuando salíamos, pagaba.

Cuando nos casamos hicimos una fiesta espectacular. No fue lo que yo quería, debo decirlo, porque me parecía un desperdicio gastar eso cuando podía invertirse en comprar una casa. Me dijo que él lo pagaría. ¿Adivinen quién pagó? No les hago el cuento largo ni tedioso; "su socio lo transó" y para el día de la boda, no había pagado nada y la que había desembolsado todo era yo. El banquete quedó debiéndolo y le dejó las facturas de un Mercedes Benz al banquetero, en prenda (el meche, cabe decirlo, no era suyo). Un año después no había pagado nada y a quién fueron a cobrarle fue a mi.

Con el paso de los años, su negocio no mejoró, el socio jamás le pagó lo que supuestamente le debía y se fueron acumulando llamadas de acreedores a quienes él y su familia le debían dinero. ¿En qué me metí? En el momento no lo ví, o no quise verlo.

Me reclamaba que yo trabajara como loca, que tuviera muchos amigos, una chequera propia, en fin, que fuera como era. Ahora entiendo que lo que quería era administrar mi dinero, que trabajara para él y que lo mantuviera. Me pidió apoyo mientras su negocio despegaba, cosa que nunca sucedió. De hecho, una de las razones que dio para pedir que nos separáramos fue que yo no lo motivaba y que por mi culpa su negocio no había podido crecer ni se había desarrollado profesionalmente.

En fin. Hoy, dos años y medio después de haberme separado y uno y medio de divorciada empiezo a entender (discúlpenme, soy de lento aprendizaje) que yo no fui la responsable total de que esa relación no funcionara. Estaba predestinada a no funcionar cuando mi trabajo se acabara o yo decidiera dejarlo de mantener. Ambas cosas pasaron al mismo tiempo.

La mujer con la que vive, a quien llamaré Griselda, lo está manteniendo. Es una chava exitosa, trabajadora, hay quien dice que es guapa -a mi siempre me pareció fea, pero el dinero también es un gran embellecedor- hija de un famoso empresario en este país y que desde niña se enamoró de él. Su departamento en BelAir es el nuevo nidito de amor del hábil con quién viví.

Ya sé, debería importarme un carajo, pero me puedo en este momento. Para qué les digo que no, si si. No me sorprende, la última vez que lo ví hace meses me dijo que no tenía novia pues "no se reponía aún de nuestro divorcio" y que se sentía mal porque estaba usando a una mujer. Reconocía que no estaba bien (¡menos mal!) pero era por una buena causa: ella le ayudaba a pagar el trabajo filantrópico en el que él tan amorosa y desinteresadamente colaboraba: niños con discapacidad.

En fin. El problema de este gigoló no es que sea quien es, sino que habemos mujeres en el camino que los vemos como príncipes cuando en realidad son unos mendigos perfumados de Armani. Cuando alguien te cuenta que juega golf, tenis, que ha comido con la nobleza del mundo (eso me lo debe a mi) y parece cosmopolita, lo último que te imaginas es que esté de cacería acechando a la mujer que lo pueda mantener.

Ya les contaré en otra ocasión lo que aprendí de esto.


2 comentarios:

Profesor de apoyo dijo...

hola!! gracias por seguir mi blog, me ha encantado el tuyo... apenas tengo 35 pero me fascina aprender de los que ya pasaron lo que yo...
un gran abrazo... tienes un blog genial..

LAZANDO COCHINOS Y CABALGANDO MULAS dijo...

Que sorprendente descripción de un vividor y cinturita!
Muchas felicidades para ti, pues lograste deshacerte de un lastre para tu vida.

Si lo piensas fue mejor divirciarte que andar cargando con un vividor y explotador, que además, luego sacan otras sorpresas, que tal si después le salía lo golpeador o violento!
Esta mejor lejos de ti!

Ahora sólo hay que compadecer a Gabriela, pobre de ella!
Y que bien por ti!

Seguiré visitandote!