jueves, 4 de febrero de 2010

Hicimos el amor en el balcón


Cierro los ojos y puedo sentir perfectamente sus manos acariciando mis muslos debajo del vestido mientras se recargaba detrás de mi y nos asomábamos hacia la calle por el balcón. Qué hombre más sensual. Con sólo pensar en él sentía como mi cuerpo se humedecía. El sabor de su boca era indescriptible y besarlo mientras entraba en mi cuerpo me hacía sentir en las estrellas.

Ese domingo estábamos en su casa. Era una tarde relativamente luminosa, con el tráfico característico de ese día de la semana y nosotros teníamos pocas ganas de hacer otra cosa que no fuera estar cerca el uno del otro. Se acercó a mi por detrás y suavemente fue acariciando mi cuerpo hasta que sus manos llegaron a mis muslos. Si alguien nos veía de la calle, simplemente observaba a una pareja asomada al balcón, pero no podía imaginar que detrás del balcón nuestras ganas estaban fundiéndose.

Mientras sentía el peso de su cuerpo recargado en mi espalda y veía la calle y las altas palmeras que teníamos frente a nosotros, sus dedos jugaban con mi clítoris y con la humedad de mis labios vaginales. El calor subía por mis mejillas y sentía un hormigueo candente por todo mi cuerpo. Pegado a mis nalgas se encontraba ese duro y grande miembro que estaba dispuesto a entrar a mi cuerpo en cualquier momento. Nos gustaba jugar, hacernos llegar al límite, vernos la cara mientras estábamos a punto de explotar y rogar con los ojos que no paráramos hasta llegar al final...

El sabía que me controlaba con dos dedos, que yo le diría que si a lo que me pidiera con tal de que no se detuviera y me siguiera acariciando... y me penetrara. Yo no podía acariciarlo en esa posición, el juego lo dominaba él, y yo no era más que una muñeca moviéndose a su ritmo y a su tiempo. Qué excitación. Quería gritar de placer, jadear, y tenía que contenerme pues estábamos a plena luz del día asomados en la vía pública. El lo sabía y eso lo hacía disfrutar y excitarse más. Sabía que lo único que yo quería era sentirlo penetrándome por atrás, sentir ese pene deslizándose suavemente y a la vez con firmeza en mi cuerpo. Mientras sentía mis ganas de explotar, me besaba y decía cosas al oído, en frente de la gente.

En un punto le rogué que me embistiera, que se vaciara en mi, que me dejara sentirlo. Mis movimientos circulares, suaves y llenos de deseo acercaban mi cadera más, si es que ello era posible, a su cuerpo.

Se contuvo lo más que pudo, desabrochó la bragueta del pantalón, subió mi vestido hasta la cadera, bajó mis calzones y yo acabé de deshacerme de ellos con un pie y no acababa de bajarlo cuando lo sentí entrando en mi y acariciandome el chocho con más fuerza. Con un pequeño giro volteé mi cabeza para alcanzar su boca y besarlo mientras nuestro gemido revoloteaba entre nuestras lenguas.

Imagen:imageshack

2 comentarios:

Mariposa dijo...

Lei antes el articulo donde te criticaban este y mencionaban que era pornografico. Particularmente me encantó, me envolví en la historia y me imaginé la escena, de ser un transeunte en aquel instante seguramente te hubiera envidiado e ido inmediatamente a buscar a mi novio...

Claire Miller dijo...

Simplemente me ha encantado!