miércoles, 17 de febrero de 2010

No me gusta pedirle a mi hombre su bolso

Lo confieso, la moda actual para los hombres no me gusta. Este modelito de Ungaro para primavera-verano 2010 me parece horrible. No me imagino teniendo que pedirle su bolso a mi hombre o enojada porque tomó mi chaleco.

Me gustan los metrosexuales que se arreglan, pero no me gusta esperar a un hombre que tarda más en arreglarse que yo o que se moleste porque le quieto "algo" y lo tiene que doblar para que no se arrugue. No a estas alturas de mi vida.

Puede que esta propuesta de Dior me guste un poco, sólo un poco, más:


Issey Miyake sería a quien le pediría algo para una salida dominical, pero aún así, sigue faltando virilidad en las pasarelas para mi gusto.


Seré muy tradicional, pero este modelito si me gusta y creo que va más allá de la pasarela primavera-verano de este año...

lunes, 15 de febrero de 2010

Momentos para recordar...

Este 14 de febrero recordé otros inolvidables "14"que he vivido a lo largo de mis cuarenta y pico años:

1. Cuando mi primer novio me regaló un disco de Barry Manilow el 14 de febrero.
2. El día que otro novio me dijo adiós en esa memorable fecha.
3. Un 14 de febrero que lo pasé entre las sábanas con...
4. Otro festejo con amigas en Marsella.
5. El Día del Amor que encontré que mi querido exmarido le estaba enviando tarjetas postales virtuales con mensajes eróticos a sus "no amigas" (por si no sabían, él dejó a todas sus amigas cuando nos casamos. Yo no se lo pedí, él lo hizo "en un acto de amor").
6. El Día de San Valentín que mi casa se llenó de arreglos de rosas y al novio en turno le dio un ataque de celos pues no eran suyas.

....y éste, en que el hombre que me besó el cuello hace un par de días me llamó y me invitó a comer....

sábado, 13 de febrero de 2010

Simplemente dijo " Adiós"


No es guapo, nada. Su mirada no tiene nada de particular, no es alto, sus facciones son completamente normales. Viste bien, punto. Usa Acqua di Gío, que debo decirlo, me excita.

Es la tercera vez que lo veo. Sé que él me ha visto más veces, seguramente pregunta sobre mi. Disimula al verme, pero he sentido cómo recorre mi cuerpo milímetro a milímetro, se detiene en mis senos, sé que desea tocarlos, tal vez besarlos; imagina sus manos en mi cadera y quiere lamerme el cuello. Lo sé. Siento su mirada acariciando mis pantorrillas.
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Rozó mi brazo con sus dedos, pareció casual. Mientras saludaba a mi amigo, suavemente pasó su mano junto a mi. Fingió pedir una disculpa, pero me dijo en silencio que hubiera querido hacer algo más que eso. Mi acompañante no se dio cuenta de nada; creo que eso lo excitó, saber que deseaba a la mujer de su prójimo y que éste nos hubiera presentado. A mi también. La cena avanzó sin contratiempos, con miradas furtivas y humedad. Mucha humedad.

Caminé al baño cuando me di cuenta de que empezaba a despedirse. Casualmente me siguió. Lo sentí, lo supe. Reduje la velocidad de mis pasos hasta que pude sentir su fragancia detrás de mi. Salió alguien de la puerta del pasillo, nos vió. El se acercó, con la mano derecha acarició mi cintura, siguió su recorrido hasta mi vientre y me atrajo hacia él. Con la palma de la mano izquierda acarició mi cuello y con el dorso de la misma removió mi cabello hacia el lado derecho. Sentí sus labios en mi cuello. Me besó, apenas sentí la superficie de los labios y la punta de su lengua. Simplemente dijo "adiós".

lunes, 8 de febrero de 2010

Qué brutas somos a veces

Me lo digo con tanta frecuencia que a veces pienso que no somos brutas "a veces" sino más seguido de lo que quisiera. Veo a mujeres de mi edad, amigas y no, pasando por situaciones dignas de una historia de terror y parecen recuentos cotidianos de Edgar Allan Poe.

Me contaban la historia de una conocida a la que el marido golpeaba, la dejó porque "ella lo obligó" a irse con otra, la dejó con tres hijos y por supuesto no la ayuda con absolutamente nada. No deja de sorprenderme, además, la facilidad con la que las buenas conciencias en esta hipócrita sociedad voltean la cara para ver hacia otro lado. ¿Cómo juzgar a perengano, que es tan decente y tan guapo? ¿Ayudarla a ella? El se puede molestar y no es asunto nuestro.

Es curioso como esta sociedad se hace autolavados de conciencia y piensa que la violencia en casa es asunto "de la gente sin educación". Pues esta linda pareja de la que les hablo ha ido a las mejores escuelas en este país, el angelito guapo y bien educado tiene una maestría en Harvard y sus hijos van al Colegio Irlandés de la Ciudad de México. No se pierden ni él ni su esposa una misa los domingos y educan a sus "peques" en esas buenas costumbres. Ella, como toda niña linda y bien portada, estudió en el Miraflores. Quiso estudiar y "tener carrera", fue a la Anáhuac (del Norte por supuesto, "la del sur" no es igual, al menos eso dice) y dejó todo por cuidar a sus hijos y convertirse en la esposa perfecta. Pues el marido perfecto la golpeaba, cual custodio profesional, pues no le dejaba huella visibles en la cara, sólo en las partes tapaditas de su cuerpo. Si sus amigos en la revista Quién y Hola mexicana supieran que la violencia que tanto les asusta y "sólo le pasa a los nacos que no tienen educación" la viven muchos de sus sonrientes amigos y amigas, no darían crédito.

A mi no me dejan hacer nada. Ya sé que no debo meterme en donde nadie me llama y esta chava ni siquiera es mi amiga. A mi nunca me parecieron la pareja perfecta y siempre supe que detrás de esos perfectos bronceados adquiridos en Acapulco y esquiando en Vail, se escondían secretos de familia inconfesables. Le hice llegar los datos de una persona que la puede ayudar, claro, si ella quiere. Ojalá que le llame.

¿Por qué tenemos que vivir infiernos para darnos cuenta de que existen y que tenemos la opción de no vivirlos?

sábado, 6 de febrero de 2010

Me gusta estar a la moda

Ni modo. Si me dicen superficial, lo acepto. Lo soy. Me gusta estar a la moda y vestirme bien, por dentro y por fuera. No soporto a las mujeres fachosas y despeinadas. Si, también pueden acusarme de prejuiciosa. La vida es corta, al igual que la belleza y la juventud. Mientras esté de buen ver, véanme. Ya tendré tiempo de cubrir lo que no sea digno de ver en unos años y de esconder mis huesos en la tierra durante la eternidad.

Iba a decir una mentira, que no me importa si lo que me pongo es de marca o no. Mentira y mentira. Me gusta la ropa de marca. Nada como sentir un vestido que se te pega al cuerpo, no se arruga ni tiene dobleces innecesarios y que cae como tiene que caer. Ni que decir cuando estás con otras mujeres y te ven con envidia. ¡Me encanta! Confieso que nada me halaga más que otra mujer me vea de arriba a abajo y sus ojos traten de mantener una mirada indiferente.... Lo disfruto. Si me fascina despertar envidia. Está mal que lo diga, me gusta ser envidiada.

(Este modelito de la temporada invierno 2009 me fascina.
Es un look casual chick original.
A las cuarentonas nos queda bien.
Por favor, si no tienes buen cuerpo, no lo intentes.
Busca algo que le quede a tu figura.)


Además de vanidosa soy ególatra y presumida. Me tienen que conocer. Tal vez hasta lleguen a quererme, no soy tan odiosa ni tan evidentemente materialista. Es más, hasta tengo una faceta espiritual, aunque no lo crean. Dicen que soy poco modesta. ¿Creen que tengan razón?

¿No me van a decir que estos tatuajes de Chanel
no se ven maravillosos para la temporada que viene?
Si tienes buenas piernas, presúmelas con esto. Verás
que ni hombres ni mujeres te dejarán de ver.
En la muñeca se ven de lo más sexy.


Hay que decirlo. El arreglo de una mujer dice mucho de ella. ¿En quién confías más, en una persona cochina y que no tiene el menor gusto para vestir que en una que está impecablemente vestida y además tiene cosas de calidad? Tal vez esté exagerando un poco, lo reconozco. Hay personas MUY poco confiables que se visten bien. (También me regaño a mi misma, no crean que no.) Para muestra.... ya les contaré otro día.

Creo que la vida hay que disfrutarla, y la ropa es algo disfrutable. En resumen, me gusta verme bien, vestirme bien y usar cosas buenas. Si, las prefiero de marca, pero tampoco me muero si no lo son.

Vestirse es como jugar. ¿De niñas no les gustaba ponerse los zapatos de su mamá o de sus primas? Tal vez yo lo disfrutaba más porque mis tías eran unas señoras elegantes y coquetas. Al ser la mayor en casa tenía esa alternativa como única opción. Mi madre era exigente con sus cosas y no dejaba que me probara nada porque se lo echaba a perder. Claro, cuando no se daba cuenta y con la complicidad de la nana, me ponía todo lo que encontraba en el camino. Si alguna vez se dio cuenta, lo disimuló muy bien. Sospecho que se reía en silencio y en el fondo -seguramente- ella era la que me engañaba a mí al hacerme creer que no se daba cuenta. Ven, no soy como soy de la nada. Ella me enseñó mucho.

¿Y qué me dicen de este modelito primavera 2010 Dolce&Gabanna?
Ese collarcito se me antoja y el rosa con la piel bronceada, para
arrancar miraditas lujuriosas.


Dicen que las mujeres nunca tenemos suficiente ropa.... y ¡es cierto! La mujer que diga lo contrario es falsa. Nos gusta estrenar y tener ropa a montones para escoger. ¿Hay alguna mujer a la que no le gusten los zapatos? A mi ex le molestaba que tuviera un closet exclusivamente para ellos. Si, confieso que son mi debilidad y que mis favoritos son los de tacones. A veces exagero pues siendo alta, no los necesito mucho, pero me siento fenomenal con ellos. Mi tía Josefa decía que desde niña me estaba preparando para ser "profesional de la calle". Por supuesto, a ella jamás le pedí ropa prestada, ¡era monja! Supongo que hasta que murió rezó porque me bajara de esos tacones "que me llevaban por tan malos pasos".


¿No están brutas? Me fascinaron.
Sandalias para los próximos meses.
Ya sé en qué parte de mi clóset las
voy a poner.

viernes, 5 de febrero de 2010

Sobre el anonimato

Empiezo a encontrar fascinante este asunto de escribir aquí. Con razón me insistía tanto mi amiga bloguera. ¿A nuestra edad? ¿Es cosa de jóvenes, no?

Pues insistió, debo decir que llegó a fastidiarme (también te lo dije a tí, así que no creo que te sorprenda leer esto), e insistió, e insistió. Siguió insistiendo hasta que un día me contó algo que sabía que ella no contaría y decidí aventurarme aquí.

No sé qué dirían un psicólogo o un psiquiatra, seguramente les parecería una Sybil del siglo veintiuno, pero la idea de imaginarme, inventarme, escribir y reescribir mis historias y fantasías desde mi yo virtual, me está seduciendo. Soy la que soy y también todo lo que puedo ser. Si la vida es sueño y los sueños realidad, ¿qué mas da? Basta con que lo piense, lo imagine, lo transforme y lo escriba para que exista.

Caramba, ¿sería una locura decir que me está excitando el simple hecho de imaginar todo lo que puede pasar? Me siento observadora del mundo y me emociona sentirme observada. ¿Me estás viendo sin que me de cuenta? ¿Qué te gustaría que hiciera?

No les gustó mi descripción de la escena amorosa en el balcón

Tenía entendido que en mi propio blog podía hablar de lo que quisiera sin censura. Dos personas que saben que lo estoy escribiendo me censuraron ayer: ¿Para qué escribes esta pornografía? Mmmm, me sentí en la Santa Inquisición. ¿Será que les dio envidia no haber vivido algo así jamás en su vida? ¿Se les habrá antojado? ¿Nunca tuvieron un novio con quien disfrutaran el sexo sin límites?
Creo que lo que me dijeron habla más de ellas que de mi. Lo siento mucho, seguramente se enojarán al leer esto, pero es MI bitácora. Si no la quieren leer, no la lean. Si se les sube la temperatura, busquen a un hombre o a una mujer con quien desahogarse, o de perdida, mastúrbense.
Mi trabajo me ha llevado llegar a este punto en mi vida, validando mi propia historia, para que vengan los censores y las censoras (qué presidencial soné) a decirme que no puedo contar ni narrar escenas eróticas. Espero que no se asusten cuando les cuente cómo hice el amor en una carretera, y no en un paradero, sino con el coche andando y con el conductor....
Foto de amazonaws.

Me gusta la soledad


Se que no toda la gente disfruta la soledad. ¿Seré un ser extraño de otro planeta? Confieso que esto no tiene nada que ver con la edad, es algo que desde pequeña recuerdo. Nunca he tenido problemas con ella: de hecho, la disfruto.

No entiendo a las personas que necesitan a toda costa estar rodeadas de gente, les guste o no. Es evidente que no se soportan porque tienen que dialogar, hablar sin parar, no se callan nunca. ¿Escuchar? Evidentemente tampoco está en su repertorio de actividades, quieren ser escuchadas y tampoco les importa si les prestan mucha atención o no. El punto es no estar solas ni solos y echarle a alguien más encima sus pensamientos.

Les veo como generadores de basura, porque la basura no es sólo física, también es mental. Son personas a las que les gusta vaciarle su propia basura emocional y mental a otros, que sin poner límite alguno, reciben todo lo que les dan.

Definitivamente, estas personas no me gustan. Las evito cuando puedo. Uno de los placeres que he encontrado con el paso de las décadas es estar con quien quiero como quiero. Valoro mi tiempo y no quiero pasarlo con cualquier persona. Cuando estoy, estoy. Si no quiero estar, no estoy y tampoco doy excusas. ¡Es tan liberador no tener que estar dando explicaciones por una decisión así!

jueves, 4 de febrero de 2010

Hicimos el amor en el balcón


Cierro los ojos y puedo sentir perfectamente sus manos acariciando mis muslos debajo del vestido mientras se recargaba detrás de mi y nos asomábamos hacia la calle por el balcón. Qué hombre más sensual. Con sólo pensar en él sentía como mi cuerpo se humedecía. El sabor de su boca era indescriptible y besarlo mientras entraba en mi cuerpo me hacía sentir en las estrellas.

Ese domingo estábamos en su casa. Era una tarde relativamente luminosa, con el tráfico característico de ese día de la semana y nosotros teníamos pocas ganas de hacer otra cosa que no fuera estar cerca el uno del otro. Se acercó a mi por detrás y suavemente fue acariciando mi cuerpo hasta que sus manos llegaron a mis muslos. Si alguien nos veía de la calle, simplemente observaba a una pareja asomada al balcón, pero no podía imaginar que detrás del balcón nuestras ganas estaban fundiéndose.

Mientras sentía el peso de su cuerpo recargado en mi espalda y veía la calle y las altas palmeras que teníamos frente a nosotros, sus dedos jugaban con mi clítoris y con la humedad de mis labios vaginales. El calor subía por mis mejillas y sentía un hormigueo candente por todo mi cuerpo. Pegado a mis nalgas se encontraba ese duro y grande miembro que estaba dispuesto a entrar a mi cuerpo en cualquier momento. Nos gustaba jugar, hacernos llegar al límite, vernos la cara mientras estábamos a punto de explotar y rogar con los ojos que no paráramos hasta llegar al final...

El sabía que me controlaba con dos dedos, que yo le diría que si a lo que me pidiera con tal de que no se detuviera y me siguiera acariciando... y me penetrara. Yo no podía acariciarlo en esa posición, el juego lo dominaba él, y yo no era más que una muñeca moviéndose a su ritmo y a su tiempo. Qué excitación. Quería gritar de placer, jadear, y tenía que contenerme pues estábamos a plena luz del día asomados en la vía pública. El lo sabía y eso lo hacía disfrutar y excitarse más. Sabía que lo único que yo quería era sentirlo penetrándome por atrás, sentir ese pene deslizándose suavemente y a la vez con firmeza en mi cuerpo. Mientras sentía mis ganas de explotar, me besaba y decía cosas al oído, en frente de la gente.

En un punto le rogué que me embistiera, que se vaciara en mi, que me dejara sentirlo. Mis movimientos circulares, suaves y llenos de deseo acercaban mi cadera más, si es que ello era posible, a su cuerpo.

Se contuvo lo más que pudo, desabrochó la bragueta del pantalón, subió mi vestido hasta la cadera, bajó mis calzones y yo acabé de deshacerme de ellos con un pie y no acababa de bajarlo cuando lo sentí entrando en mi y acariciandome el chocho con más fuerza. Con un pequeño giro volteé mi cabeza para alcanzar su boca y besarlo mientras nuestro gemido revoloteaba entre nuestras lenguas.

Imagen:imageshack

miércoles, 3 de febrero de 2010

Mi exmarido ya le está viendo la cara a otra

No me gusta jugar el papel de víctima, de hecho, detesto a las personas que se hacen las víctimas de todo y de todos, especial y particularmente de sus parejas. Nunca me he considerado así, pero hay que confesarlo, el hecho conlleva un cierto saborcito agradable. La gente empatiza más contigo cuando te victimizas que cuando no.

Todo este preámbulo para decir que me acabo de enterar de que mi exmarido ya le está viendo la cara a otra mujer. Pobre, quisiera alertarla, pero lo único que ganaré será que me diga que soy una exesposa despechada y que él tiene razón. Me imagino perfectamente la historia que le contó: mi exmujer me dejó en la calle, era adicta al trabajo y de un egoísmo espantoso pues nunca pudimos compartir como pareja.

Resulta que al angelito, a quién llamaré Carlos, se le acabó el amor cuando terminó mi trabajo. Alguna amiga me preguntó, con su característico sarcasmo, que si no me extrañaba que él me hubiera vuelto a buscar cuando supo que yo trabajaba en donde trabajaba. Confieso que el reencuentro me pareció casualidad y disfruté mucho el hecho porque él se había convertido en todo lo que yo hubiera querido que fuera: amable, cariñoso, cachondo (ahora quería hacer el amor conmigo cada vez que se pudiera y antes la que se tenía que morder las uñas era yo) y no me pedía dinero. De hecho, cuando salíamos, pagaba.

Cuando nos casamos hicimos una fiesta espectacular. No fue lo que yo quería, debo decirlo, porque me parecía un desperdicio gastar eso cuando podía invertirse en comprar una casa. Me dijo que él lo pagaría. ¿Adivinen quién pagó? No les hago el cuento largo ni tedioso; "su socio lo transó" y para el día de la boda, no había pagado nada y la que había desembolsado todo era yo. El banquete quedó debiéndolo y le dejó las facturas de un Mercedes Benz al banquetero, en prenda (el meche, cabe decirlo, no era suyo). Un año después no había pagado nada y a quién fueron a cobrarle fue a mi.

Con el paso de los años, su negocio no mejoró, el socio jamás le pagó lo que supuestamente le debía y se fueron acumulando llamadas de acreedores a quienes él y su familia le debían dinero. ¿En qué me metí? En el momento no lo ví, o no quise verlo.

Me reclamaba que yo trabajara como loca, que tuviera muchos amigos, una chequera propia, en fin, que fuera como era. Ahora entiendo que lo que quería era administrar mi dinero, que trabajara para él y que lo mantuviera. Me pidió apoyo mientras su negocio despegaba, cosa que nunca sucedió. De hecho, una de las razones que dio para pedir que nos separáramos fue que yo no lo motivaba y que por mi culpa su negocio no había podido crecer ni se había desarrollado profesionalmente.

En fin. Hoy, dos años y medio después de haberme separado y uno y medio de divorciada empiezo a entender (discúlpenme, soy de lento aprendizaje) que yo no fui la responsable total de que esa relación no funcionara. Estaba predestinada a no funcionar cuando mi trabajo se acabara o yo decidiera dejarlo de mantener. Ambas cosas pasaron al mismo tiempo.

La mujer con la que vive, a quien llamaré Griselda, lo está manteniendo. Es una chava exitosa, trabajadora, hay quien dice que es guapa -a mi siempre me pareció fea, pero el dinero también es un gran embellecedor- hija de un famoso empresario en este país y que desde niña se enamoró de él. Su departamento en BelAir es el nuevo nidito de amor del hábil con quién viví.

Ya sé, debería importarme un carajo, pero me puedo en este momento. Para qué les digo que no, si si. No me sorprende, la última vez que lo ví hace meses me dijo que no tenía novia pues "no se reponía aún de nuestro divorcio" y que se sentía mal porque estaba usando a una mujer. Reconocía que no estaba bien (¡menos mal!) pero era por una buena causa: ella le ayudaba a pagar el trabajo filantrópico en el que él tan amorosa y desinteresadamente colaboraba: niños con discapacidad.

En fin. El problema de este gigoló no es que sea quien es, sino que habemos mujeres en el camino que los vemos como príncipes cuando en realidad son unos mendigos perfumados de Armani. Cuando alguien te cuenta que juega golf, tenis, que ha comido con la nobleza del mundo (eso me lo debe a mi) y parece cosmopolita, lo último que te imaginas es que esté de cacería acechando a la mujer que lo pueda mantener.

Ya les contaré en otra ocasión lo que aprendí de esto.


Dicen que la vida empieza a los cuarenta....¿será?

Dicen que la vida empieza a los cuarenta. Francamente, nunca lo sentí así, para mi los cuarenta fueron como un balde de agua helada en la cabeza. Los cumplí en mal estado de salud, estresada, con mi matrimonio sostenido por alfileres y con ganas de salir corriendo hacia cualquier lugar.

¿Mi vida empezó a esa edad? No lo creo. Hoy, tres -casi cuatro- años después veo que las cosas no han sido tan malas como las imaginé, pero me ha costado trabajo reconciliarme con la edad. Pienso en mi estado de ánimo al llegar a la tercera década de mi vida y la recuerdo totalmente diferente: me sentía bien, estaba guapa (debo confesarlo), iba al gimnasio diariamente y tenía un cuerpo que hasta a mi misma me excitaba, disfrutaba todo, estaba terminando uno de mis posgrados, había terminado hacía un par de años con una relación patética de la que había salido fortalecida, estaba a punto de irme a vivir sola y tenía muchos proyectos por delante.

A los cuarenta no tenía ganas de hacer nada. Quería que concluyera el trabajo en el que estaba pues el desgaste era francamente terrible, me sentía culpable porque pensaba que mi matrimonio se estaba yendo por la borda a causa de mi compulsividad laboral, mi cuerpo no era apetecible y mi marido me ayudaba a sentirme poco deseada. De hecho, mi cumpleaños cuarenta lo pasé triste, no recuerdo haber festejado nada y tampoco viene a mi mente el que mi ex hubiera tenido un detalle particular conmigo. De hecho, ese año él había tenido un accidente en el que casi me quedo viuda y cuando él se recupero a mi me dio un preinfarto.

Hoy, casi cuatro años después, mi vida ha tomado un giro que jamás imaginé. Estoy viviendo cosas que estaban fuera de mis planes (bien dicen por ahí que si quieres que Dios se ría tienes que contarle lo que tienes planeado hacer). Divorciada, sin hijos, cambiando el giro de mi vida, cerrando capítulos previos, con un cuerpo nada malo para mi edad, con canas, con nuevos miedos, con mayor fortaleza, inventando un nuevo camino.

¿Por qué cuento esto? No lo sé, hoy amanecí con ganas de contarle al mundo cómo vive una mujer de mi edad la vida, lo que piensa, lo que desea, lo que le duele, lo que añora, lo que teme, lo que la estremece. Cosa extraña, a mi que detesto contarle a las personas lo que pienso y siento, se me ha ocurrido abrir esta bitácora para contarle a los cuatro vientos esto. Veamos qué sucede.